Los primeros acercamientos más o menos especializados al fenómeno consideraban a la timba como una tendencia, un estilo musical o una actitud asumida por los compositores y arreglistas hacia la orquestación. Múltiples  han sido sus significaciones  para referirse a aspectos bien diferentes. En el ámbito musical, hay indicios que señalan, por una parte, a ciertos elementos introducidos por la banda Irakere,  y por otra, a nutrientes de la rumba, como dos de los puntos referenciales o fuentes cercanas, pues el público participante o los tocadores, a veces acudían a la expresión “la timba está buena” para aludir  positiva y emocionalmente a la riqueza de contrastes rítmicos y al ambiente que la misma provocaba. Las primeras referencias sonoras y ambientales de la salsa caribeña llegaron a la Isla desde los finales de los años 60 y hasta mediados de los 70, a través de grupos orientales como Los Taínos, Los Karachi,  y algunos de sus músicos que después se proyectaron a otras agrupaciones. Cantantes como Oscar D’ León, Vladimir, Héctor Lavoe, Roberto Roena y Dimensión Latina, entre otros destacados intérpretes de esta manifestación, comenzaron a difundirse desde esa época en las estaciones de radio cubanas gracias a las grabaciones que los músicos  traían consigo, a su regreso de las giras promocionales por países latinoamericanos, fundamentalmente en cassettes y otros soportes sonoros.

Más tarde el término se comenzó a utilizar como una manera muy intuitiva de nombrar a los nuevos efluvios del son cubano, en contacto con el movimiento caribeño-newyorquino de la salsa.   Así, agrupaciones como Issac Delgado y su orquesta, Adalberto Álvarez y su son, NG la Banda, Juan Formell y Los Van Van, La Charanga Habanera,  Yumurí y sus Hermanos, entre otros, optaron por adscribirse a la etiqueta publicitaria en boga, pues encontraron en ella la única vía factible para lograr su inserción en el mercado internacional. La timba, desde el punto de vista musical, se viene gestando en Cuba desde la década de los 70 aproximadamente. No obstante, este proceso conformador cristalizó y se consolidó  entre los finales de 1980 y principios de los 90, también condicionado o catalizado por determinados factores sociomusicales de ese momento. Aunque se considera al célebre grupo Irakere uno de los antecedentes más importantes del fenómeno, es en la orquesta NG la Banda, dirigida por José Luis Cortés “El Tosco”, donde se concentra un papel representativo de cruce entre manifestaciones sonero-salseras cubanas, caribeñas, gérmenes  timberos y otros elementos de índole variada, haciendo de la timba, en los primeros momentos, un nuevo tipo de creación caracterizado por una marcada confluencia interestilística que posteriormente cristalizó en el intergénero concreto objeto de estudio. Existen opiniones que se han referido a la timba como un fenómeno escasamente perdurable en el entorno cultural de la Isla. Mientras tanto, sigue presente en el repertorio de una parte importante de las agrupaciones emblemáticas de la música popular bailable cubana, quienes ya la han asumido como estilo y modo distintivo en su interpretación, lo que socializa y sedimenta su naturaleza de intergénero. Precisamente al lado del nuevo boom de la música tradicional, la timba continúa llenando espacios en Cuba y en el mundo, asentando lo que devienen sus características principales, siempre en consonancia con su época y contexto.  Tómense estas reflexiones como puntos de partida que conlleven a una justa valoración de la misma y de su significación para la historia musical cubana.

LA REPRESENTACIÓN VIVA DE LO QUE ES LA TIMBA CUBANA, EL SEÑOR ADALBERTO ALVARES


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